Experiencias de vida; que, como todas nos dejan gran aprendizaje.
Mi brújula mas enloquecida que nunca.
Mi corazón confundido, pero vivo...
Cansancio físico y espiritual...
Y a la vez, viviendo y ya no sólo sobreviviendo.
Hace algunos meses tuve la gran oportunidad de entrar a un trabajo nuevo. Con ese temor a los cambios que tanto me caracteriza. Me ayudó mucho el conservar el empleo anterior, tanto a corto como a largo plazo. Mi miedo principal era el hecho de estar tan cerca de todos los proceso de refinación del petróleo y los peligros y riesgos que esto trae consigo. Pero, esa estrella de buena fortuna que siempre me acompaña me llevó a trabajar en el área corporativa y no la de producción.
Primer contrato: en el área de limpieza de una clínica, puesto que en este nuevo empleo hay que comenzar desde abajo y ese reto, me gustó y lo tomé.
Primer contrato, y dejando sin contar la semana de práctica y todo el tiempo que tardé para llegar a ese día...
Ha sido uno de los días más importantes para mí.
12 años trabajando detrás de un escritorio y ahora, detrás de un trapeador. El primer día fue de reconocimiento del lugar, y de las personas. Nunca se me ha dado el abrirme con la gente al comenzar a convivir, cautelosa y observadora, intentando integrarme.
Habían dos personas a quien ya había visto en mi semana de prácticas, así que no me sentían tan fuera de lugar. En ese momento ni siquiera pasó por mi cabeza como ese par iban a formar parte importante en mi vida. Karen y Vico se ganaron tanto mi confianza que sin pudor alguno pude decirles que soy gay, cosa que en mi anterior trabajo y nadie fuera de mi círculo cercano le he dicho. Ellos me hicieron sentir querida y tan apapachada como solo una amiga lo había hecho. Forman ahora parte de mi muy selecto grupo de amigos. Tenemos en tan poco tiempo tantas aventuras, experiencias, risas, lágrimas... Pero esas, ameritan otro post
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