sábado, 25 de febrero de 2012

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11 Febrero 2012

11:45 a.m.
Domingo gris y con amenzas de lluvia dándome los buenos días.
Abro un ojo y miro por la ventana sin ánimo alguno de levantarme, veo borroso; sí, abrí mi ojo malo (chiste local), abro el bueno y ahora sí alcanzo a ver perfecto algunas gotas de agua de lluvia en el ventanal.  Extiendo la mano  hacia el lado izquierdo de la cama buscando el control remoto de la televisión, me encuentro con las llaves del coche, me levanto inmediatamente para darme cuenta que un pantalón y un abrigo están tirados en el piso, intento reaccionar y recordar que es lo que había pasado ahí. Para haber sido noche de pasión faltaba la ropa de otra persona. Me pongo una bata y salgo al baño para tropezar con mis botas que estaban a la mitad de la sala con un par de vasos en la mesa de centro, acerco uno a mi nariz... ¡Tequila!. Y de regreso el cassette...
La tarde anterior al volver a casa me invitó mi hermana a una fiesta. Estuvimos en ella hasta las 4 de la mañana del domingo, todo fue contar chistes, cantar, reír, bailar. Así que de ahí se derivaba todo el desastre en mi recámara, en la sala y demás.
Me meto a bañar y al sentir el agua caliente en mi cuerpo recordé la llamada telefónica que recibí en la oficina el martes anterior...

Sra. Nat: - Hola hija buenas tardes. ¿Te acuerdas de mí?
Pat:         - Por supuesto señora, buenas tardes ¿cómo está?
Sra. Nat:  - Bien gracias ¿y tú?, hace tiempo no hablamos
Pat:         - Bien también. Y sí hace mucho no hablamos. ¿Un año?
Sra. Nat:  - Se pasa demasiado rápido el tiempo. Me gustaría que nos vieramos más seguido. Pero   
                  entiendo que trabajas y tienes tu vida hecha.
Pat:         - Me da pena con usted, ¿debí haber ido más seguido verdad?. Pero más vale tarde que 
                  nunca.
Sra. Nat:  - Eso sí. Te llamo para decirte que la misa para Pedro este año será en domingo también a
                  las 12 del día. Espero nos puedas acompañar. He tratado de localizar a Fuji pero no lo he
                  hallado por ninguna parte.
Pat:           - Yo tampoco he sabido nada de él
Sra. Nat:   - Creo entonces que este año solo contaría contigo. ¿Sí vendrás?
Pat :          - Por supuesto señora. Nos vemos el domingo a las 12

Terminé el baño lo más rápido que pude, me puse unos jeans, unas botas y  un abrigo. Tomé llaves del coche, me disponía a salir y al pasar por el espejo me asusté de la cara y las ojeras que ví. Miré el reloj que marcaba las 12:15 y me regresé a ponerme corrector, base, mascara para pestañas y lipgloss. ¿Que diferencia Dios mío!.
Tomé la carretera a las 12:30. Llegué a la iglesia a las 12:45. Más vale tarde que nunca. Llegué justo a la culminación de la ceremonia, en el momento en el que el sacerdote decía "la misa ha terminado, demos gracias a Dios" y por supuesto que le dí las gracias! Sobra decir que ese camino lo disfruté como siempre. Esa carretera llena de recuerdos la recorro solo una vez al año y la disfruto mucho.

Al terminar la misa vi salir a los papás de Pedro de la pequeña iglesia. Nos saludamos y me preguntaron si solamente iba yo, cosa que les confirmé. Tristemente este año todo el grupo de personas se redujo solamente a una. Es una verdadera pena. Pero bueno, cada quien tiene una vida hecha ya, y yo sigo ahí, al pie del cañón, mientras pueda. Sé que llegará el día en que tampoco pueda acompañarlos. Pero por lo pronto, sigo bien ahí con ellos. Nos fuimos a su casa, comimos carne asada y me ofrecieron un trago de whisky el cual no desprecié por la resaca que me cargaba. Salí de ahí a las 4 de la tarde para ir a casa. Me llevo como cada vez que voy una buena plática y la nostalgia a flor de piel. Y ese día me di cuenta de que el día en que tenga el valor de ir al panteón y visitar la tumba de mi amigo me ire para siempre de ese lugar... Y por ahora prefiero seguir sintiendo su vibra al estar en compañía de su familia, de esa manera, lo siento más cerca de mí.

Y sí, aún lo extraño...

miércoles, 22 de febrero de 2012

- 22

El Perdón


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El tema del día era resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico.
Ya en clase elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento.
Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas.
El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas.
Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado desatendía cosas que eran más importantes para mí.
Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra "mochila" sentimental.
Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse.
Me di cuenta que cuando hacía importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.
Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma, alimentando mi espíritu.
La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón es una expresión de amor.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.
Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.
La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.
La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.
Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
"La declaración del Perdón es la clave para liberarte".
¿Con qué personas estás resentido?
¿A quiénes no puedes perdonar?
¿Tú eres infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?
"Perdona para que puedas ser perdonado"
"Recuerda que con la vara que mides, serás medido..."



Anónimo


"En el perdón no caben los resentimientos, porque el perdón es libertad, es paz, y esto lo hace bastante ligero, sano, las lombrices del resentimiento no pueden albergar en su delgada panza.

Si haces un perdón a la mitad, dejas una bacteria, tal vez diminuta, pero destructiva, al paso del tiempo terminará por devorarte y como es bacteria, se contagia, contamina el mundo, lo pudre."


MBM